Galladura
Zozobraba. Machacaba colmilludo un vaso con mi boca naufraga. “Ya no. No más whisky, por favor”. La boca ardía, mascaba vidrios, y así ganaba sin palabras la salida rápida. Un mismo vaso acompañaba la nariz. A la nariz acompañaba la música, patinaba un rock nostálgico. Ahora, una visión cambia la historia y su final. La vi, nos vimos. Llamaba la nocturnidad y agobiados, sin hablarnos, abandonamos la casa astillada.
Casi olvido tomar su mano. Acariciar con suavidad su finura, todo por posar mis olvidadizas miradas tras sus lagos profundos. Las baldosas, agasajadas por sus pisadas flotadas, la aplaudían al paso. Su boca, como jugosa guinda, brillaba bajo la luz mortal. Acuario dominaba, mas, no alcanzaba su divinidad. ¡Astros dormidos, admirad a mi amada! Hagan con su figura postal cósmica para disgusto vulgar.
La imparcialidad nos arrastró a un cuarto anónimo. La diva con mirada clara, trajo una copa con una líquida sustancia purpura. Cuál tóxica madama, vació sutil la sangría a la garganta.
Con profunda admiración, palpándonos dijimos sí, abordados por instintos básicos. Casi volcamos la pasión al piso. Dilapidamos amor, abandonando las formas, circundados por cupidos drogados. No podíamos parar. Ya no.
Sus gracias, sin ropa, agudizaron mi lujuria. Dos lunas sombraban la vía a su talismán aún sagrado. Movido por las musas dí trancos por caminos sinuosos hasta su prado satírico.
Cobrando valor ahogaba mi dádiva contra su humor casto. Cada impulso arrojaba palabras prohibidas, furor corporal, una matanza a cuchilladas limpias. Calor, sudor, vibración muscular alada. Una sacudida provocó al fin un galopar hormonal convulsivo, colmando con llanto sus ojos, un tibio triunfo y un abrazo atrapando su agitación final. Algunas gotas mojaron mis manos, con orgullo lamí las cortadas. Un lujo morar a la cándida infanta. Saldado un compromiso tácito, arrodillaba mi hombría a su lado, ganaba visual, su abandonado rumor incitaba mi rápida conclusión y así tronó, salando su cutis blanco.
Gozando la casi total oscuridad, sucumbió a la modorra y durmió.
Las brasas naranjas titilaban intranquilas y volví al mundo vivo. Oí músicas lunáticas, bucólicas y antiguas, un Saxo y un Jazz Bass gastando standars. La vi, no nos vimos, dormía. No nos obligamos, disfrutamos juntos. Juntos, palabra única, significa: hora para partir. Y así, huí sigiloso.
Honor a Rodolfo Fogwill.
Miranda Dasso